Un recordado domingo de octubre,
Allá por los años sesenta,
Dios bajó para que deslumbre
Un pibe que sería leyenda.
Poco a poco fue creciendo
Y reafirmaban lo que decían:
“A ese purrete negrito
nunca jamás lo igualarían”.
De Cebollitas a Argentinos,
De Pelusa fue Dieguito;
Cada vez que entraba a la cancha
Enloquecía haciendo jueguitos.
Aquel 20 de octubre,
Con 15 años apenas,
El más grande de todos
Aparece por fin en Primera.
De Fiorito fue a la Boca
Y el tiempo le daría la razón;
Porque ese paso para El era
Ir de su casa al corazón.
El mundo ya lo conocía,
Primero entonces fue a España,
Para después, ser en Italia
El rey que todo el sur quería.
En Nápoli dio cátedra
Transpirando la camiseta
Y ganando un par de scudettos
Fue el mejor jugador del planeta.
El ’86 no fue un año más,
Sino pregúntenle a los ingleses
Que vieron “la mano de Dios”
En sus caras por dos veces.
Méjico fue la cumbre
De nuestro Diego querido
Haciéndole conocer al mundo
Que Dios es argentino.
Con el tobillo destrozado
Italia ’90 lo alcanza
Y a los “tanos” preparando
La famosa venganza.
El ’94 nadie lo olvida,
Nunca se borrará de la memoria
Que alguna cama tendida
Nos quitó parte de la historia.
En su vuelta a la Bombonera
A todo el mundo hipnotiza
Demostrando una vez más,
La magia que lo caracteriza.
Aquel inolvidable día,
Nunca supe como explicarlo,
Por fin lo vi gambeteando
Tal como lo había soñado.
Cuando Maradona dejó las canchas
El fútbol perdió su poeta
Sintiéndose en soledad
El “10” en la camiseta.
Dedico todos estos versos
Por el sinfín de alegrías,
Por cristalizar sueños de un pueblo
Y por lo que es Diego en mi vida.
Federico Diego Galán-Argentina-Buenos Aires