6 de junio de 2004
El “10” hace buena letra en medio de un silencio saludable
Por Marina Zucchi (periodista de Clarín) giornalista@ubbi.com
Poco se sabe de él ahora. Recluido en una nueva clínica desde el 9 de mayo, las informaciones oficiales son apenas concisas oraciones que se desprenden de los partes médicos.
Pero así es mejor. Eso al menos piensan todos aquellos que lo quieren. Ellos saben que otra exposición tal como la que sufrió durante su falso mejoramiento, cuando las cámaras del programa de Susana Giménez lo tuvieron como protagonista, representaría un crudo y frío negocio, que no haría más que poner en evidencia una vez más cuán útil continúa siendo su figura para multiplicar las arcas de muchos.
A su alrededor hay silencio. El que necesita para llevar un tratamiento en paz que lo aleje del infierno de las drogas y lo baje de ese ring en el que gravita sobre las cuerdas. Aunque esta discreción solicitada por la propia familia, y posible gracias a muchos sectores de la prensa que lo quieren bien, no se sabe cuánto perdurará.
Desde aquella aparición inoportuna, cuando salió a tranquilizar al mundo sin siquiera convencerse él de su mejoría, muchos hechos han transcurrido pero pocos fueron reflejados por los paparazzi. ¿Será este acuerdo de “paz” el que lo hace posible? ¿O se trata del hermetismo de la clínica que imposibilita a los medios hurgar más a fondo?
Lo cierto es que las informaciones son positivas. “Positivas” si se tiene en cuenta el desalentador estado de salud anterior y si se evalúa que para la clínica no resulta fácil contar con un paciente de la talla de Diego.
Diego Maradona “está registrando un avance importante a nivel psicopatológico" en su rehabilitación y tiene un "estado de ánimo placentero”. Eso anuncia el último parte médico. Y para confirmarlo se agregan los asados compartidos con los médicos del nosocomio, sus casi 20 kilos de adelgazamiento y sus partidos de golf.
Otras de las actividades suyas son aferrarse a los partidos de Roland Garrós, donde los tenistas argentinos dejaron su sello con altura, y realizar leves ejercicios físicos con supervisión médica.
Al no tratarse de un hospital especializado en adicciones, lo más probable es que pronto “Pelusa” arme sus valijas para comenzar un tratamiento específico, aunque las opciones de Brasil y Suiza parecen haber sido descartadas por el propio Diego.
Si Gardel lo viera...
Cuando permanecía internado en delicado estado en la clínica Suizo Argentina, los carteles que empapelaban el frente del lugar expresaban el desconsuelo del pueblo argentino y su apoyo: “cuando Diego se resfría, Argentina estornuda”; “Remonta vuelo una vez más, barrilete cósmico”; “Dios no te lleves a tu hermano”; “Dios existe, sólo está descansando”; “Fuerza Diego, respiramos con vos”; “Siempre vivirás, Dios no quiere competencia”; “Si tu corazón se cura, el mío se pone contento”.....
A tal punto llegó la entrega, que un apasionado grupo se ofreció a ofrecer su corazón si la única opción de vida era un trasplante: “Diego, si tu vida depende de tu corazón, te doy el mío en vida para que nos sigas dando alegrías”.
Hoy existe un dato muy pintoresco y que bien sirve para trazar un paralelismo: sus ganas de cantar y grabar tangos en sus ratos libres, quizá a modo de terapia. Claro, cantando no será Carlos Gardel, pero su mítica figura ya sobrepasó al mismísimo zorzal criollo, con todo el respeto que la infinita voz de su majestad Gardel se merece.