20 de abril de 2004

LA CRÓNICA MÁS TRISTE

 Por MARINA ZUCCHI (periodista de Clarín)    E-mail: giornalista@ubbi.com

"Si volviera a nacer le pediría a Dios que me de lo mismo, y también la posibilidad de hacer todas las jugadas y los goles que divirtieron a los napolitanos, en mi país, en vivo para los argentinos...

A mí me sacaron de Villa Fiorito y me revolearon de una patada a París, a la Torre Eiffel. Yo tenía puesto el pantalón de siempre, el único, el que usaba en invierno y en verano. Allá caí, y me pidieron, me exigieron, que dijera lo que tenía que decir, que hiciera lo que ellos quisieran. Y yo hice. Yo hice lo que pude. Nadie me hará creer nunca que mis errores con la droga cambiaron mis sentimientos. Soy el mismo, el de siempre, soy el Diego...."

Hace casi cuatro años, después de escaparle a la muerte, Diego finalizaba así su libro autobiográfico desde La habana. Hoy la vida vuelve a desafiarlo y, como en un partido de fútbol, intenta gambetear sus problemas de salud y salir igual de triunfante.

Todo comenzó el domingo, cuando Pelusa había vuelto a "su casa", La Bombonera. Se lo notó desmojorado, agotado, y horas más tarde su internación sacudió al mundo.

Conectado a un respirador y totalmente sedado, Diego hoy no imagina qué ocurre fuera de la clínica porteña. Cientos de fanáticos, mezclados con paparazzi, se amontonan como en un estadio para brindar apoyo y devolver gentilezas a un hombre que según ellos tiene el poder de un dios.

Crisis hipertensiva. Cuadro basal de miocardiopatía dilatada. Insuficiencia respiratoria.... Plagado de términos complejos, el parte médico asustó a muchos.

Tal vez por eso la "12" (la hinchada de Boca Juniors) se congregó hasta el sanatorio para ofrecer un "abrazo simbólico". Y quizá por eso muchos fanáticos hacen guardia envueltos en banderas interminables, aún acompañados de niños que jamás lo vieron jugar.

También salieron a relucir estampitas con su cara y la imagen dio vueltas por el mundo con la misma fuereza que ocupan los titulares referentes a Irak.

El segundo parte médico alentó poco más a sus seguidores, aunque la recuperación no es certera todavía.

El corazón de Diego está jugando un Mundial. Y toda Argentina reza para que resulte tan victorioso como en 1986.