10 de abril de 2004
EL DIEZ Y UNA ESTADIA EN ARGENTINA, A PURO FUTBOL
Por MARINA ZUCCHI (periodista de Clarín) E-mail: giornalista@ubbi.com
La llegada de Diego a Buenos Aires no sólo alimentó a la prensa local, que sacó a relucir como nunca sus flashes, sino que también el propio “10” encontró ese alimentó para el alma que no hallará en ningún otro rincón del mundo. Ni siquiera en Cuba.
Es que Pelusa volvió a pisar La Bombonera después de más de un año y medio y la “12” (la hinchada de Boca Juniors) le devolvió con cantos eufóricos su eterno agradecimiento. Y sin dudas, para el corazón de Maradona no hay música más alegre que la que sale de la boca y de las palmas de “su” gente.
Con sus ya típicas bermudas, sus zapatillas al tono y sus brazos cubiertos de tatuajes, bajó del avión entusiasmado por reencontrarse con sus padres, con sus “nenas” y con un país al que abandonó en busca de paz hace ya unos años.
¿Organizar el cumpleaños de 15 de su hija menor? ¿Aclarar ante los argentinos qué ocurre con su situación económica? ¿Conversar con su ex representante Guillermo Coppola? Las causas de su arribo al país no quedaron del todo claras, lo cierto es que él disfrutó a pleno de su estadía, porque volvió a saborear una de las cosas que más ama: el fútbol.
Por eso vivó a Boca Juniors desde su palco preferencial y hasta se dio tiempo para visitar el estadio de su equipo archi-rival (River Plate) para ver a la Selección Nacional ante Ecuador, por las Eliminatorias del Mundial.
Incluso en un domingo donde el calor de Bs.As se transformó en histórico (dado que en Argentina llegó el otoño), Diego desafío los casi 40 grados de La Bombonera y salió por segunda vez por su balcón de privilegio.
En tanto, en la cancha de Argentinos Juniors, su primer equipo, lo esperaron en vano. Dirigentes, jugadores e hinchas imaginaban a Pelusa presente para el partido ante Godoy Cruz (en la segunda categoría del campeonato local). Sin embargo sólo su padre en la platea recibió las ovaciones.
La abultada agenda del 10 incluyó también paseos por los canales de TV, palabras de aliento para con el padre de un joven asesinado en Buenos Aires y cuyo caso golpeó fuerte a la sociedad, y hasta un rato de malabares con la pelota.
Si, jugó 80 minutos en un picado realizado durante el entrenamiento de Estudiantes de La Plata, el equipo que comanda su viejo amigo, Carlos Bilardo. Así, con rabonas, tacos y un gol de penal se transformó en el único protagonista del match doméstico.
Sus compañeros de equipo fueron los integrantes del cuerpo técnico de Estudiantes, y los rivales que lo padecieron, un grupo de periodistas. El partido culminó 7-1, pero el resultado fue sólo un detalle en la alegre tarde. Lo que importa realmente lo confirmó el mismísimo “10”: la pelota sigue siendo su juguete preferido, el que consigue arrebatarle sus mejores sonrisas.