1 de enero de 2004

CON LA ZURDA EN CUBA Y EL CORAZON EN JAPON

 Por MARINA ZUCCHI (periodista de Clarín)    E-mail: giornalista@ubbi.com

 No estaba presente en el estadio de Yokohama, en Japón, y sin embargo a la distancia su corazón latía tan fuerte como el de aquellos fanáticos argentinos que cruzaron medio mundo para alentar a Boca Juniors. Para el “10” la mayor alegría de diciembre vino de la mano del equipo de sus amores, que doblegó al Milan y se alzó con la tercera Copa Intercontinental de su historia.

Como ocurrió en el año 2000, Maradona se quedó con las ganas de presenciar este encuentro. Problemas con la visa le imposibilitaron convertirse en un hincha más, pero esta vez se tomó su pequeña revancha: disfrutó del viaje de sus “dos embajadoras”, sus hijas, que según el propio Diego “llevaron mis ojos, mi corazón, mi alma”.

“Así se juega con huevos. Guapeza no es pegar patadas”, exclamaba eufórico después del partido, como si ese triunfo por penales hubiera sido gestado también por él. Los fanáticos xeneizes que fueron testigos de la hazaña en Oriente y que corearon el ya clásico “Maradó”   juran que su fantasma sobrevoló el estadio...que su magia contagió de a ratos al equipo de Carlos Bianchi y hasta su valentía amedrentó a los milaneses...

Fábula nostálgica o no, lo cierto es que por más que lo intente “Pelusa”  no puede desprenderse de ese jugador apasionado que defendió los colores más populares del país.

Radio Mitre de Argentina lo cruzó segundos después del match con el presidente del club, Mauricio Macri, con quien siempre mantuvo una relación “compleja”. Sin embargo la victoria tapó cualquier viejo rencor y Diego suplicó al directivo que no deje ir al entrenador más ganador de la historia del club.

Y el apellido Maradona continuó sonando fuerte en Argentina más allá de los festejos. El lanzamiento del vino que lleva su nombre y de una obra teatral musical sobre su vida confirmaron que aún desde el aislamiento el mejor jugador de todos los tiempos es una buena marca para seguir generando grandes negocios.

“El diez, entre el cielo y el infierno” es una puesta musical que promete dar que hablar en Buenos Aires, donde se lanzará el próximo 7 de enero. Su propio autor explica que se trata de la historia de “un hombre que cometió el pecado de ser el mejor de todos”. La obra retratará su niñez y su juventud, pero lo que genera más expectativa es imaginar a un Maradona anciano, de 80 años, que reflexionará sobre su vida.

En tanto, el Museo itinerante impulsado por la familia Maradona, hará una escala previa a su gira internacional a partir de enero. La muestra visitará la Ciudad de Mar del Plata (un importante punto turístico local durante el verano) después de haber recibido a más de 120.000 personas en la Ciudad de Buenos Aires. Posteriormente el destino más lejano será Corea, en el mes de abril.

Otro punto para destacar es la reinauguración del estadio de Argentinos Juniors, el club que vio crecer al 10 y en donde debutó oficialmente en 1976. Mucho se habló sobre si se llamaría Diego Maradona y el tema enfrentó a algunos simpatizantes de la institución con el ex jugador, quienes lo acusan de “haber olvidado al club”. Finalmente la decisión quedó en suspenso y Diego no asistió a la gran fiesta, pero sí lo hicieron sus padres, a quienes les entregaron una plaqueta por el cariño que demostraron hacia la entidad.

“Estoy orgulloso de haber sido Cebollita. Y de haber usado esa camiseta roja con una línea diagonal blanca. Y fundamentalmente estoy orgulloso de haber dejado la vida por Argentinos”, declaró Diego a modo de respuesta en el diario deportivo Olé.

¿Algún proyecto para este flamante 2004?, se preguntan los fieles seguidores de Maradona, quien canjeó el fútbol y los halagos por el golf y al alejamiento de los flashes. La noticia más cercana podría ser su vuelta al verde césped en el partido despedida de Carlos Valderrama, el 1 de febrero.

Diego habría sido invitado junto a figuras como Cantona, Francescoli y Chilavert para despedir al colombiano. Pero tan sólo basta que la zurda eterna roce un balón otra vez  para que inconscientemente su figura le robe protagonismo al agasajado. Al final de cuentas, su actuación sería algo así como una dosis de consuelo para todos aquellos que aún no se resignan a perder al mejor futbolista que obsequió el planeta.