1 de diciembre de 2003

El 10, entre paseos por la Gran Muralla y una devoción argentina que no cesa

Por Marina Zucchi (periodista de Clarín)
e-mail: giornalista@ubbi.com


      Noviembre se transformó en un mes en el que el apellido Maradona volvió a invadir los titulares de los principales medios argentinos, tal como ocurría en épocas en que la zurda prodigiosa generaba noticias a la velocidad del viento.


       En esta oportunidad los ojos del mundo fueron testigos de un Maradona que volvió a desafiarse a sí mismo y logró cumplir la promesa de ascender a la Gran Muralla China. Pero el “10” también fue protagonista tras haber anunciado la separación con su representante, Guillermo Cóppola. Y como si esos dos hechos resultaran insuficientes,  surgió nada menos que un proyecto argentino para que una calle de Buenos Aires lleve su nombre, pese a que la ley local prohibe los homenajes de este tipo en vida.

     “Pelusa” se da esos privilegios todavía. Privilegios como ser la tapa de la principal revista deportiva argentina (El Gráfico) aún cuando ya se cumplieron seis años de su retiro del campo de juego y 27 desde que su gambeta acarició una pelota profesionalmente.
      Según la publicación “indeleble es la huella que ha dejado en millones de almas”. Y para justificar esa afirmación basta decir que 15.000 personas ya obtuvieron el carnet de socios de la bautizada “iglesia maradoniana”, una agrupación fundada por un par de fanáticos de la Ciudad de Rosario que promueve la imagen de Diego como la de un “dios”.
     Verdadera locura para muchos, la idea realmente polémica ya fue apoyada por futbolistas internacionales de la talla de Michael Owen.

Noticias de todos los colores
     Después de abandonar por unas semanas la paz de Cuba, su refugio desde hace tres años, China fue el país elegido para concretar nuevos negocios. Ya había viajado  en 1996 para disputar un amistoso cuando todavía jugaba en el Boca dirigido por Carlos Bilardo.
    

     Sin embargo el paseo no fue del todo placentero: después de idas y vueltas, malos entendidos y controvertidos números no acordados, lo más relevante que hizo Diego fue llegar a las torres de Badaling, un poco a pie y otro poco por medio de un telesférico. También disfrutó de ratos de golf, su más reciente pasión.

      Y la gran sorpresa surgió de su propia boca, cuando oficializó que se desvinculaba de su manager y amigo sin dejar bien en claro si se trataba de diferencias comerciales o bien de conflictos personales.

       Mientras tanto, el gran interrogante de los hinchas de Boca Juniors es saber si el astro viajará a Japón para estar presente en la final de la Copa Intercontinental que el club de sus amores disputará con el Milan el próximo 14 de diciembre. Ganas no le faltan. Y sus imprevisibles decisiones son excusa suficiente como para predecir una nueva sorpresa en manos de quien alguna vez tiñó de magia los colores de esa camiseta.