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ios vestido de futbolista, dejó suI
mpronta en los estadios por donde transitó su magia, y enE
l corazón de todos los que disfrutamos gratuitamente de sus destrezas,G
ritando y vivando cada una de sus genialidades, llenas deO
sadía, talento y capacidad resolutiva única e inigualableM
aldito el día en que decidió marcharse, dejandoA
céfalo, anárquico al fútbol mundial, quedando en nuestrasR
etinas recuerdos imborrables que se hacen presentes cada vez que observamos una pelota,A
ñorando volver a ver algún día la estela de aquel astro que ya no está.D
esmedidos sentimientos de emoción, exaltación y asombro han quedadoO
bsoletos desde el día en que quiso que el fútbol siga siendo un juego "normal".N
unca olvidaremos semejante capacidad puesta de manifiesto ante el mundo enteroA
gradeciendo eternamente a quien se disfrazaba de Dios para jugar al fúbol.Diego Peiretti. 14/07/00